martes, 31 de agosto de 2010

Jugando con las nubes




Y buscando buscando... nos hemos topado con un juego que tiene en las nubes su principal elemento y atractivo. Revivir los sueños de cuando éramos niños y poder volar entre las nubes...
El juego Cloud fue diseñado por Jenova Chen en la División de Medios Interactivos de la Universidad del Sur de Carolina (EEUU) y su primera versión, lanzada en 2005, era un descargable gratuito a través de internet y que nos traslada de pantalla en pantalla a través de puzzles.
La línea del juego es clara y sencilla: un niño que está en el hospital y que empieza a soñar despierto y volar entre las nubes, manipularlas a su antojo en cuanto a forma y ubicación, manejar la climatología haciendo que llueva para limpiar el mundo... la no-violencia y el diseño artesanal son sus principales atractivos.
El juego fue diseñado para evocar la fantasía sobre las nubes y el vuelo, y sus mejores deseos para la naturaleza.

Este juego levantó un intenso debate sobre si los videojuegos podrían ser una obra de arte por su imagen tan cuidada.
Más información en la web del juego: http://thatgamecompany.com/games/cloud
Trailer del juego: http://www.youtube.com/watch?v=JoVXR-LBFB4

lunes, 30 de agosto de 2010

Caminar entre las nubes



Una espesa capa de nubes llena la habitación; en medio, una rampa permite llegar a ellas y atravesarlas. El viejo sueño de caminar por las nubes, hecho realidad. Una inmensa piedra de granito preside otra sala. El bloque está agujereado y el interior recubierto de cedro perfumado. La primera instalación es de Matthias Schuler y Tetsuo Kondo e ilustra la mutabilidad del espacio: cómo un pequeño cambio -la condensación del aire- transforma un entorno. La segunda lleva la firma de Smiljan Radic y Marcela Correa, y es una referencia al espacio seguro. Forman parte de la exposición oficial de la 12ª Bienal de Arquitectura de Venecia, que el domingo abre sus puertas hasta el 21 de noviembre.

Con el título de People meet in Architecture, Kazuyo Sejima (Ibaraki, Japón, 1956), la primera mujer que ejerce el cargo de comisario en la Bienal, pretende reflexionar sobre la esencia de la arquitectura, que no es más que la capacidad que tiene de crear espacios, y la manera que estos inciden en el individuo y el individuo sobre ellos.
MENOS OBJETOS / Para ello ha invitado a 46 profesionales a alterar cada una de las habitaciones del Arsenal y del Palacio de Exposiciones de los Giardini y a mostrar «una interpretación personal» sobre el tema. Así, Sejima cumple lo que prometió cuando aceptó el cargo: «Menos objetos y más espacios», es decir, pocas maquetas y muchas instalaciones. Tantas que People meet in Architecture está más cerca de ser una muestra de artes plásticas que de arquitectura.
Pero Sejima no huye de esta conexión con el arte, de hecho, la potencia, no en vano no todos los invitados a participar son arquitectos, hay también artistas plásticos como Olafur Eliasson, cuya instalación basada en un juego de agua y luz es una de las más aplaudidas.
Sí son arquitectos los cuatro representantes españoles. Antón García-Abril altera el larguísimo espacio del Arsenal creando una distorsión", explica, y lo hace a partir de la tensión que crean dos grandes vigas que cortan el espacio de forma horizontal. Más teórica es la opción de Andrés Jaque, que basa su obra en «pensar la arquitectura como algo que genera acción política», afirma. Y a dos construcciones, el Palacio de la Cereza del Valle del Jerte y al propio despacho hacen referencia, respectivamente, el estudio de Cristina Díaz y Efrén García, y el de José Selgas y Lucía Cano.
El resultado final, una exposición de la que ayer Sejima dijo sentirse «satisfecha» y que tiene como objetivo que el «público vea las posibilidades de la arquitectura».
Noticia extraida del diario Público: http://www.elperiodico.com/es/noticias/cultura-y-espectaculos/20100827/bienal-venecia-reflexiona-sobre-mutabilidad-del-espacio/453139.shtml

Más información en la web de la Biennale: http://www.labiennale.org/en/architecture/exhibition/sejima/
http://www.labiennale.org/en/architecture/exhibition/iae/

sábado, 28 de agosto de 2010

Construyendo nubes en Dubai

La ciudad de Dubai no ha dejado de sorprender al mundo en los últimos años por el derroche y la espectacularidad de sus construcciones. Uno de los megaproyectos presentados para la ciudad se basaba en la construcción de una enorme torre con forma de nube... una gigantesca estructura de 300 metros de altura que imita a una nube de tormenta.
El proyecto, desarrollado por el taller de arquitectura Hapsitus (http://www.hapsitus.com/), se presentó como un edificio que se inspira en las tribus nómadas, cuyas vidas se encontraban definidas por su relación con el sol, el agua y la arena, y que en sus viajes seguían el movimiento de las nubes. 
El edificio albergaría un hotel de lujo suspendido a 300 metros del suelo. Con una superficie de 20000 m2 incluiría lujosas habitaciones, jardines flotantes, un lago, restaurantes y un museo al aire libre que ofrecería una vista única de Dubai. Todo esto se encuentra soportado por una estructura a base de cientos de delgados pilares que harían las veces de "lluvia".


"La nube (el edificio) es un viaje, una divertida aventura en la ciudad. Es una presencia horizontal sobre una plataforma elevada, la antítesis de la suma de los rascacielos que ocupan toda la región. La Nube es un sueño suspendido entre el mundo artificial y el real”.



viernes, 27 de agosto de 2010

Cuando la nube se convierte en arquitectura (V)

Estar en las nubes (V), por Santiago de Molina





“¿A qué se parece aquella nube? Esa es una pregunta que todos recordamos en alguna ocasión y que no altera , por tanto, la consistencia de nuestra imaginación. Es mejor invertir la pregunta. Porque existe un arte -el preferido por el príncipe de la melancolía y por algún personaje de Baudelaire- de reconocer figuras en las nubes: figuras evanescentes, consumidas, huidizas: figuras de lo moderno. Es cierto. Pero hay otro arte, análogo e inverso, más misterioso, más pervertido, que no deja el consuelo de la memoria, sino que mantiene siempre abierta la punzada de la sorpresa: el arte de reconocer la nubosidad de lo quieto, el arte de saber ver, no lo estable en lo huidizo, sino lo huidizo en lo estable: saber ver un desvanecimiento, un envejecimiento, una transición, un cambio – que asoma ya emborronando la imagen-. ¿Qué de nube hay en ese camello, en esa comadreja, en aquella ballena? ¿Cuánta nube es esta ciudad, esa arquitectura, aquel rostro?.”(1)

Estas líneas de Quetglas arrastran, poco después, una importante cuestión: ”¿Cómo la figura de las nubes ha podido anunciar, presidir y seguir todo el desarrollo de lo que ha sido la arquitectura moderna?”.
La nube, desde este punto de vista, es símbolo clarificador entre la firme voluntad de forma de la modernidad y la disolución de sus intenciones. Pero podemos concretar aun más la cuestión: ¿Cuánto de nubes hay en la arquitectura de Le Corbusier, o de Zumthor, o de Herzog y de Meuron, o de Chales y Ray Eames, o de Mies van der Rohe?.
La respuesta es variable pero siempre está presente y es posible. Las formas huidizas siempre se manifiestan como dudas o como ambigüedades en el proceso. También se manifiestan por medio de los trazos borrosos o por una suma de partes excesivas.
Así aparecen esa clase de nebulosas en los croquis de grafito de las torres de Mies. También en la sucesión de brillos, reflejos y chispazos que se dan en el Pabellón de Barcelona. Efecto similar se consigue en la casa de los Eames, donde la materia por medio de los reflejos se convierte en algo veloz como las mejores escenas de acción de una película de guerra.
En los croquis de Zumthor para las termas de Vals, donde son agua y piedra nebulizados, como si del mismo material se tratase. En todas esas pieles agujereadas por la carcoma, o como gasas de fantasma, que son las chapas perforadas de Herzog y de Meuron . En la sala de la Asamblea de Chandigarh plagada de formas contradictorias y colores, donde su esencia de ripio y de nube, mágicamente, coinciden...


“De John Ruskin - mirador de nubes- a Coop Himmelblau – que pinta nubes cenitales contra el azul celeste- ; de Louis Sullivan- que cruza el continente americano como una nube, para llover sobre Chicago incendiada- a El Lisstskij (sic) – que tiende sus trampas estribanubes alrededor de Moscú- ; de Otto Wagner – que fecunda Viena desde un globo nuboso de lluvia dorada- a Bruno Taut – con nubes de sombra polícroma sobre Magdeburgo coloreada. Llueve sobre los altares de Firminy. Hay una nube de hormigón gris con el arco iris sobre Ronchamp...”

(1) QUETGLAS, Josep, 
Escritos Colegiales, Actar, Barcelona, 1997, pp. 19

jueves, 26 de agosto de 2010

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Cuando la nube se convierte en arquitectura (IV)

Estar en las nubes (IV), por Santiago de Molina





Estas nubes pertenecen a Juan Borchers. Se encuentran en uno de sus cuadernos de notas.
Las nubes son aquí masas en las que se muestra su evolución. Estas nubes actúan como una forma en movimiento.
El arquitecto anota al margen la hora en que realiza el dibujo. La filogénesis de cada una de las nubes, procede de la anterior. Existe un relato en la evolución de esas masas de vapor de agua. Pero un relato vacío de voluntad arquitectónica de ningún tipo desde el punto de vista de la forma. Es un relato blanco, puro, sin la intención de generar algo que deba cumplir una misión o un uso, y sin necesidad de justificarse. Por decirlo con otras palabras, es un relato del tiempo traducido a forma.
Es importante señalar aquí las diferencia entre un tiempo medido en términos digitales y un simple reloj de manillas: en el reloj digital el futuro desaparece. Vemos señalado solo el instante. La aparición sucesiva de los números llenan un presente que se escapa. Sin embargo el reloj de manillas o el reloj de sol, muestran un tiempo pasado y un tiempo por venir. Una promesa de futuro. (Podemos incluso expresarlo en esos términos cuando decimos que faltan 20 minutos para que llegue la hora). Por tanto, no es tanto un reloj del presente como del trascurso del tiempo.



Desde esa óptica podemos ver el Panteón como una maquinaria igualmente concebida para ver ese paso del tiempo. Pertenece a ese mundo en el que la arquitectura parece diseñada para señalar la eternidad que deben durar los dioses.
Al igual que un reloj de sol anticipa y promete las horas por venir en el Panteón, esas nubes de Borchers narran el trascurso del tiempo en términos de evolución de la forma de modo mucho más cercano al reloj digital. Es un tiempo arquitectónico diferente al de la obra de Adriano porque los cambios de las nubes son inconstantes y variables. Esas formas en evolución son una "obra abierta" en la que la nube sucesiva es impredecible, (o mejor dicho, poseen unas leyes de modificación que las hacen impredecibles).
También, esas nubes de Borchers son todas las nubes. En ellas queda, misterios de la vida, relatada una tarde en que Juan Borchers se dedicó a pintar nubes. Esa capacidad tiene el dibujo no solo de atrapar al objeto sino al mismo dibujante.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Cuando la nube se convierte en arquitectura (III)

Estar en las nubes (III), por Santiago de Molina



“La noche del miércoles al jueves después de Pentecostés (7-8 Junio de 1525), vi en sueños lo que representa este dibujo: una multitud de trombas de agua que caían del cielo. La primera golpeó la tierra a una distancia de cuatro leguas: la sacudida y el ruido fueron terroríficos, y toda la región se vio inundada. Tanto me hizo padecer aquello que me desperté. Después, las otras trombas de agua, espantosas por su violencia y su número, golpearon la tierra, unas más lejos y otras más cerca. Y caían de tan alto que parecían bajar todas con lentitud. Pero cuando la primera tromba estuvo muy cerca ya del suelo, su caída se hizo tan rápida e iba acompañada de tal ruido y de huracán que me desperté, temblando como una hoja, y tarde tiempo en reponerme. De suerte que, una vez levantado, pinté lo que aquí arriba vemos. Dios encamina las cosas hacia su mayor bien”

El sueño de un diluvio de Alberto Durero, de 1525, ilustra este texto. Existen muy pocos sueños dibujados del pasado, y menos aun, auténticos. Durero, al despertar, dibuja una nube destructora como una bomba atómica, -cosa que, por otro lado, ya ha señalado Yourcenar-. Una nube condensada en una tromba de agua que arrasa el territorio.
Podríamos decir que es una nube en caída. Se percibe no solo en el relato de Durero sino en el propio dibujo. También se nota su peso y su velocidad.
No es ya materia contradictoria, ni informe, como en los casos ya vistos. Esta idea de nube es velocidad y fuerza. Como un vector atraviesa la tierra y la hace retumbar. Se siente la nube como aguas en caída, pero aguas de brillo y acero quemado. Las consecuencias arquitectónicas de una idea así alterarían sin dudarlo el plano de suelo; debiera ser algo semejante a la huella que deja el impacto de un meteorito.
Me pregunto si Saénz de Oíza hubiese aceptado gustoso la ligazón entre la torre del BBV y esta obra de Alberto Durero.
Como poco, creo que habría sonreído.